Historia Abierta
Portada de Entre Rivalidades y Deseos
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Todas las edades

21

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Capítulo 4 · ~6 min

La noche del proyecto y la confesión

La oficina estaba casi vacía cuando Carla y Víctor apagaron sus computadoras. Habían pasado horas frente a las pantallas, revisando cada detalle del proyecto que Ana les había asignado. El cansancio se notaba en sus rostros, pero ninguno parecía con ganas de irse todavía.

—No puedo creer que hayamos avanzado tanto —dijo Víctor mientras estiraba el cuello, tratando de aliviar la rigidez.

Carla cerró un archivo en su laptop y esbozó una sonrisa cansada.

—Sí, pero falta mucho por hacer. Mañana será decisivo.

Se miraron en silencio, incómodos pero sin querer romper ese momento. La tensión entre ellos había cambiado. Ya no era solo rivalidad. Había una calma extraña, una especie de entendimiento que ninguno sabía cómo nombrar.

Víctor se levantó y se acercó a la ventana. Afuera, las luces de la ciudad brillaban como puntos en la oscuridad.

—¿Sabes? —comenzó sin mirarla—. Nunca pensé que trabajar contigo fuera a ser... esto. Creí que sería imposible.

Carla dejó la silla y se apoyó en el escritorio, cruzando los brazos.

—Yo también lo pensé. Pero parece que estamos encontrando un camino.

El silencio volvió, pero esta vez se sentía cómodo, no incómodo. Como si necesitaban ese respiro después de tantas discusiones.

Víctor giró y la miró. La luz de la lámpara resaltaba sus ojos, y algo en esa mirada lo hizo sentir diferente.

—Carla, hay algo que quiero decirte —dijo en voz baja, casi un susurro.

Ella se quedó quieta, sorprendida, esperando que siguiera.

—No es solo por el proyecto —continuó él—. Es por nosotros. Por lo que siento cuando estamos juntos, incluso en medio de todo este lío.

Carla sintió que se le aceleraba el pulso. No esperaba esas palabras.

—¿Quieres decir que... —empezó, pero Víctor la cortó suavemente.

—Sí, me gustas. Más de lo que debería. Y creo que tú también sientes algo.

Ella bajó la mirada, insegura, pero luego la levantó y lo enfrentó.

—No voy a mentirte. También siento algo, pero tenía miedo de decirlo. Temía que arruinara todo.

Víctor dio un paso hacia ella, acortando la distancia.

—No tiene que ser así. Podemos ir despacio, sin presiones. Solo ver qué pasa.

Ella asintió y una sonrisa tímida apareció en sus labios.

—Me gustaría eso.

Se sentaron de nuevo, esta vez más cerca, y la conversación cambió. Hablaron de sus miedos, de lo que cada uno esperaba del proyecto y de la vida. Rieron juntos, y por un momento olvidaron la rivalidad que los había separado.

—¿Sabes qué? —dijo Carla mientras tomaba un sorbo de café—. Siempre pensé que eras un tipo difícil, pero hoy veo que tienes más capas de las que imaginé.

Víctor sonrió.

—Lo mismo digo de ti. Eres mucho más que competencia.

La noche avanzaba y seguían hablando. Víctor contó anécdotas de su infancia, Carla habló de sus sueños y de por qué había elegido su carrera. Se sorprendieron al descubrir que tenían gustos similares en música y películas.

—Nunca imaginé que llegaríamos a esto —dijo Víctor, mirando sus manos entrelazadas sobre el escritorio.

—Yo tampoco —respondió Carla—. Pero me alegro.

La oficina se sentía cálida, a pesar del frío de la noche afuera. La luz tenue creaba un ambiente íntimo que los envolvía.

—¿Crees que esto puede funcionar? —preguntó ella, con un dejo de duda.

Víctor la miró a los ojos y asintió.

—Quiero intentarlo. Contigo.

Ella sonrió y apretó su mano.

—Entonces, empecemos por aquí.

Antes de irse, Víctor la miró fijamente y dijo:

—Gracias por confiar en mí.

Carla respondió con sinceridad.

—Gracias a ti por ser honesto.

Salieron juntos del edificio, dejando atrás las horas de trabajo y las dudas. La noche era un misterio que ahora querían descubrir juntos, sin saber qué pasaría, pero con la esperanza de que algo nuevo comenzaba entre ellos.

Mientras caminaban hacia la salida, Víctor tomó una pausa y se pasó la mano por el cabello, nervioso.

—¿Sabes? Me cuesta hablar así, pero siento que contigo todo es diferente.

Carla lo miró, sorprendida por esa sinceridad inesperada.

—A mí también me pasa. No pensé que pudiera confiar en alguien como tú.

Él sonrió y ladeó la cabeza.

—¿Y qué hacemos ahora? ¿Seguimos siendo rivales o algo más? —preguntó con una mezcla de curiosidad y miedo.

Ella se detuvo y lo observó.

—Por ahora, compañeros. Pero sin esconder lo que sentimos.

Víctor asintió y luego añadió:

—Me gustaría que esta vez no haya secretos.

Carla respiró hondo y, por primera vez esa noche, se sintió ligera.

—Entonces, empecemos con la verdad.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, absorbiendo el peso de esas palabras. La ciudad seguía viva a su alrededor, pero ellos solo tenían ojos para el otro.

—¿Te gustaría que fuéramos por un café? —ofreció Víctor.

—Me encantaría —respondió ella, con una sonrisa que iluminó su rostro cansado.

Entraron a la cafetería del edificio. El aroma a café recién hecho y el murmullo tranquilo les envolvieron.

Mientras esperaban su orden, Víctor soltó una risa baja.

—¿Recuerdas cuando pensamos que esto sería imposible? Mira dónde estamos ahora.

Carla se rió también.

—Sí, y pensar que casi no lo intentamos.

Él la miró con ternura.

—Creo que si no hubiéramos dado este paso, nos habríamos perdido algo importante.

Ella asintió, más segura.

—No solo un proyecto, sino algo que va más allá.

La conversación fluyó con más naturalidad que antes. Compartieron detalles personales, anécdotas y planes a futuro. La rivalidad quedó atrás, dando lugar a una conexión que ninguno esperaba.

De repente, Víctor bajó la voz.

—Carla, ¿y si esto no funciona? ¿Qué haremos?

Ella lo miró fijamente.

—Entonces lo enfrentaremos juntos. Como siempre hemos hecho con los problemas.

Él tomó su mano con firmeza.

—Me gusta esa idea.

La noche ya estaba avanzada cuando salieron de la cafetería. Afuera, el frío los recibió, pero ninguno quiso romper el contacto de sus manos.

—Prométeme que no vamos a dejar que el miedo nos detenga —dijo Víctor.

Carla lo miró a los ojos y, sin dudar, respondió:

—Te lo prometo.

Caminaron bajo las luces de la ciudad, con la sensación de que algo importante acababa de comenzar. La rivalidad que los había separado parecía un recuerdo lejano. Ahora, lo que importaba era lo que podían construir juntos.

Pero mientras avanzaban, un mensaje en el celular de Carla hizo que su sonrisa se desvaneciera. Víctor notó el cambio y preguntó:

—¿Todo bien?

Ella dudó un momento y luego mostró la pantalla.

—Es Ana. Dice que hay un problema con el proyecto. Algo que podría retrasarlo todo.

Víctor frunció el ceño.

—¿Qué tipo de problema?

—No lo sé todavía, pero tendremos que enfrentarlo. Juntos.

Carla asintió, y aunque la incertidumbre volvió a aparecer, esta vez no la sintió sola.

—¿Listo para la siguiente batalla? —preguntó con una sonrisa desafiante.

Víctor respondió con la misma energía.

—Siempre. Pero esta vez, no solo somos compañeros, somos algo más.

Ambos rieron y siguieron caminando, sabiendo que la verdadera prueba estaba por venir.

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