Historia Abierta
Portada de Entre Rivalidades y Deseos
  • 5 capítulos
  • 103 lecturas
  • Completada

Todas las edades

21

~5 min de lectura

Capítulo 3 · ~5 min

Confesiones a medias

Laura llegó temprano a la sala de reuniones, con el ceño fruncido y la mente llena de dudas. Miguel ya estaba ahí, sentado con los papeles esparcidos frente a él, sin levantar la mirada. El aire entre ellos se sentía tenso, como si cada palabra estuviera atrapada en la garganta.

—Parece que hoy no hay prisa —dijo Laura dejando caer la mochila con un golpe seco sobre la mesa.

Miguel soltó una risa corta, sin humor.

—No significa que estemos libres de problemas —respondió, finalmente mirándola de reojo.

Ella se sentó frente a él, cruzando los brazos, sus ojos buscando algo que no encontraba.

—A veces pienso que esto es una trampa —dijo bajito—. Que no importa lo que hagamos, todo va a salir mal igual.

Miguel se pasó la mano por el cabello, como si quisiera despejar pensamientos que lo molestaban.

—Me pasa lo mismo —confesó—. Pero no puedo quedarme paralizado. Si no hacemos nada, peor.

Un silencio incómodo llenó la sala. Laura miró a sus manos, luego levantó la vista con decisión.

—¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que realmente te da miedo? —preguntó.

Miguel la observó con seriedad, como si la pregunta lo sorprendiera.

—Temo que todo este esfuerzo sea en vano. Que terminemos donde empezamos, con más problemas que soluciones.

Laura asintió lentamente.

—Yo temo que después de todo esto, nadie me vea por lo que realmente soy. Que piensen que solo soy una más, sin nada especial.

Miguel soltó un suspiro largo, casi sin darse cuenta.

—Nunca imaginé que trabajar contigo me haría cuestionar tantas cosas.

—A mí también me pasa —respondió Laura—. Me haces ver detalles que antes no notaba, y eso me desconcierta.

Miguel esbozó una sonrisa irónica.

—¿Entonces no soy solo un rival molesto? —bromeó.

Ella rió con sinceridad, la tensión entre ellos disminuyendo un poco.

—No, eres más complicado que eso.

El reloj marcaba las nueve y media, pero ninguno parecía querer moverse. Laura jugueteaba con el bolígrafo, mientras Miguel miraba un punto fijo en la pared.

—¿Crees que esto puede funcionar? —preguntó Miguel sin mirarla.

Laura dejó el bolígrafo sobre la mesa y lo miró directo a los ojos.

—No lo sé. Pero quiero intentarlo, aunque duela o sea difícil.

Miguel asintió con lentitud.

—Yo también quiero. Pero temo que nuestra historia termine mal.

Ella encogió los hombros, intentando no mostrar más miedo.

—¿Y si dejamos de pensar en el final y nos concentramos en el ahora?

Él la observó, y por primera vez en mucho tiempo, sus ojos tenían una chispa diferente.

—Eso suena como un buen comienzo.

Laura sonrió, sintiendo que algo se aflojaba dentro de ella.

De repente, la puerta se abrió de golpe y un compañero de trabajo entró apurado.

—¿Listos para la reunión con el jefe? —preguntó, casi sin aliento.

Laura se levantó rápido.

—Sí, vamos. Pero creo que hoy dimos un paso importante.

Miguel guardó los papeles con cuidado.

—Un paso que no podemos ignorar.

Mientras salían, Laura notó que Miguel se detuvo un segundo para mirar la sala vacía. Ella se acercó y le habló en voz baja.

—¿Tú también sientes que algo cambió?

Él la miró y asintió sin palabras.

—Sí. Pero no sé si para bien o para mal.

Laura apretó los labios, sin saber qué decir. Sabía que esa conversación era solo el principio. La verdadera prueba estaba por venir. Tendrían que decidir si seguir juntos o volver a ser enemigos.

Caminando hacia la oficina, el silencio no molestaba. Era una pausa antes de lo que vendría, un espacio para pensar en lo que querían y en lo que estaban dispuestos a arriesgar.

Miguel rompió el silencio otra vez.

—¿Crees que alguna vez podremos confiar totalmente el uno en el otro?

Laura lo miró con firmeza.

—No sé. Pero quiero intentarlo contigo.

Él sonrió, y por un instante, la rivalidad pareció desaparecer. Solo por un momento.

Sabían que las heridas y miedos no se borrarían fácil. ¿Sería esa confesión a medias suficiente para construir algo nuevo? ¿O solo comenzaban otra batalla?

Laura respiró hondo y miró a Miguel con seriedad.

—¿Y si esta vez dejamos que nuestras dudas nos unan en lugar de separarnos?

Miguel la observó, sus ojos mostrando una mezcla de sorpresa y esperanza.

—¿De verdad crees que podemos hacer eso?

Ella asintió sin vacilar.

—No será fácil, pero vale la pena intentarlo.

Él se pasó la mano por la nuca, nervioso.

—Nunca pensé que diría esto, pero... me alegra que estés aquí conmigo en esto.

Laura sonrió, queriendo creer en esas palabras.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora?

Miguel la miró fijo, con un brillo nuevo en la mirada.

—Ahora, enfrentamos lo que venga, juntos. Aunque no sepamos a dónde nos lleve.

Ella sintió que por primera vez, él no era solo su rival. Era alguien con quien podía contar. Pero también sabía que esa alianza era frágil y que cualquier error podía romperla.

La puerta de la oficina se cerró tras ellos, dejando en la sala vacía el eco de sus palabras y la promesa de un futuro incierto.

¿Podrían Laura y Miguel superar sus miedos y diferencias, o estarían condenados a repetir viejas peleas? Esa pregunta quedó flotando en el aire, más fuerte que nunca.

Capítulo 3 de 5

Te quedan 2 capítulos más de esta historia.

El capítulo continúa…

Léela en tu celular Android

Escanea el código o copia el enlace: se abre la app en este capítulo.

Siguiente lectura