Historia Abierta
Portada de El Eco de la Mentira
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Todas las edades

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Capítulo 2 · ~5 min

Sombras del pasado

Andrés repasaba una y otra vez las fotos que había tomado en la escena del crimen. Había algo en el viejo reloj que no encajaba. No solo era un objeto antiguo; parecía una pieza de un rompecabezas que aún no entendía.

Aquella mañana, decidió ir a la biblioteca municipal. Quería buscar cualquier pista sobre el nombre que apareció en los documentos de la carpeta que había encontrado: "Martín Salazar".

—¿Buscando a alguien en especial? —le preguntó la bibliotecaria, una mujer de mediana edad con gafas gruesas y una sonrisa amable.

—Sí, Martín Salazar. Creo que tiene que ver con un caso de hace unos diez años —respondió Andrés, mostrando un poco de urgencia.

La mujer asintió y empezó a sacar unos recortes amarillentos.

—Recuerdo un escándalo en esa época. Disputas familiares, peleas por herencias... ¿Por qué te interesa? —preguntó con curiosidad.

—Estoy investigando un asesinato reciente. Creo que está relacionado —dijo él, intentando no mostrar su impaciencia.

La bibliotecaria le entregó varios recortes. Uno hablaba de un juicio por desacato y otro de una pelea pública entre dos hermanos Salazar por la herencia de su padre.

Andrés se quedó mirando las páginas. La historia era más complicada de lo que pensaba. No era solo un asesinato aislado; había una red de conflictos antiguos detrás.

Decidió llamar a Clara, la amiga de la víctima, para preguntarle más sobre Martín Salazar.

—Clara, necesito saber todo lo que puedas sobre Martín —dijo por teléfono, con voz firme.

—Martín era el hermano mayor de la víctima. Siempre tuvieron problemas por el negocio familiar. Mi amigo me contó que Martín estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para quedarse con todo —respondió Clara, con un tono que mezclaba preocupación y miedo.

—¿Crees que podría estar involucrado en el asesinato? —preguntó Andrés, intentando medir su reacción.

—No lo sé, pero seguro que hay algo que no quieren que descubramos —dijo Clara, apretando los labios.

Mientras colgaba, Andrés recordó el reloj encontrado junto al cuerpo. En la carpeta había una carta antigua con un sello de cera, y en el reverso, una inscripción borrosa que mencionaba una reunión secreta.

Pensó que debía volver a la escena del crimen, esta vez con ojos más atentos.

Al llegar, caminó despacio, mirando cada rincón. Cerca de un arbusto, encontró una caja metálica enterrada bajo unas hojas secas. La sacó, la limpió y la abrió con cuidado.

Dentro había fotografías en blanco y negro de una reunión familiar. Andrés no reconocía a casi nadie, pero en una de las fotos estaba Martín Salazar junto a un hombre mayor, probablemente el patriarca de la familia.

Junto a las fotos había un recorte de periódico que hablaba de un incendio en la vieja casa de los Salazar, justo después de esa reunión. El incendio había destruido muchas pruebas y documentos importantes.

—¿Alguien quiso borrar el pasado? —murmuró Andrés, mirando la caja.

Volvió a su oficina con la caja y comenzó a examinar las fotos con más detalle. En una de ellas, al fondo, se veía una figura oscura que parecía vigilar.

De repente, el teléfono sonó. Era Clara. Su voz sonaba nerviosa, casi temblorosa.

—Andrés, alguien me está siguiendo. No sé quién, pero tengo miedo —dijo rápido.

—Tranquila, dime dónde estás. Voy para allá —respondió él, levantándose de inmediato.

Llegó a la cafetería donde Clara esperaba, mirando constantemente por la ventana. No había nadie visible, pero la tensión era evidente en su postura rígida.

—¿Viste a alguien? —preguntó Andrés, con el ceño fruncido.

—No, pero siento que no estoy sola —respondió ella, apretando las manos sobre la mesa.

Andrés se sentó frente a ella y le pasó la mano por el brazo, tratando de calmarla.

—No te preocupes. Vamos a cuidarte mientras seguimos investigando.

Clara soltó un suspiro, pero su mirada seguía alerta. Se mordía el labio, como si quisiera decir algo más.

—¿Qué pasa, Clara? —preguntó Andrés, insistiendo.

Ella bajó la voz.

—No sé si Martín está involucrado, pero hay alguien más. Alguien que no quiere que escarbemos en el pasado.

—¿Has tenido amenazas? —preguntó él, serio.

—No directas, solo señales. Mensajes anónimos, llamadas sin respuesta, cosas pequeñas que no entiendo.

Andrés asintió, sintiendo que el caso se complicaba aún más.

—Tenemos que ser cuidadosos. Esto es más grande de lo que pensábamos.

Mientras caminaban juntos hacia el auto, Andrés pensó en la mentira que parecía esconderse detrás de todo esto. Alguien movía las piezas, manipulaba la verdad para ocultar algo más profundo.

—¿Crees que el incendio fue intencional? —preguntó Clara, rompiendo el silencio.

—Sí, y creo que las sombras del pasado están más vivas de lo que imaginamos —respondió Andrés, mirándola fijamente.

Ella asintió, con un gesto que mezclaba miedo y determinación.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó.

—Primero, protegerte a ti. Luego, buscar más pruebas. No podemos dejar que esas sombras ganen.

Clara se quedó callada unos segundos, luego preguntó con voz baja:

—¿Y el reloj? ¿Crees que tiene que ver?

—Más de lo que parece. Voy a investigar su origen. Puede ser la clave para entender todo esto.

Al despedirse, Andrés volvió a mirar el reloj antiguo. Su tic tac le recordaba que el tiempo no estaba de su lado. La mentira antigua que ocultaba el crimen estaba al borde de salir a la luz, y ellos serían los encargados de descubrirla.

Pero, ¿quién estaba realmente detrás de todo? Y, sobre todo, ¿hasta dónde estarían dispuestos a llegar para que la verdad nunca se supiera?

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