Historia Abierta
Portada de El Eco de la Mentira
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Capítulo 3 · ~5 min

La red de mentiras

Andrés se sentó frente a la mesa de interrogatorios con la carpeta abierta a un lado. Las fotos viejas y el recorte del periódico no dejaban de dar vueltas en su cabeza. Algo no encajaba. Tenía que hablar con más gente, pero cada historia parecía contradecir a la anterior.

—¿Estás seguro de que viste a Martín la noche del incendio? —preguntó Andrés a Samuel, un vecino que decía haberlo visto cerca de la casa Salazar.

—Sí, claro —respondió Samuel sin dudar—. Lo vi salir con prisa, parecía asustado. Pero ahora que lo pienso, ¿y si no huía solo del fuego?

Andrés tomó nota, consciente de que esa duda era justo lo que necesitaba. Martín podía estar ocultando algo más que la desaparición de pruebas.

Poco después, Clara llegó a la estación con el ceño fruncido y expresión tensa. Se sentó frente a Andrés, bajando la voz.

—Me siguen —dijo, mirando por encima del hombro—. Ayer sentí que alguien estaba detrás de mí en la calle.

Andrés frunció el ceño y esperó que siguiera.

—Además, recibí un mensaje en mi celular. Era una foto del reloj antiguo que encontraron en la escena del crimen.

—¿Alguien quiere que dejemos de investigar? —preguntó él.

Clara asintió lentamente.

—Eso parece. Pero no pienso dejar que me asusten.

Andrés respiró hondo. La amenaza era real. La tensión crecía y sabía que debía proteger a Clara y seguir adelante.

Volvió a revisar las fotos en la carpeta. Una imagen borrosa llamó su atención: una reunión secreta con varias personas alrededor de una mesa. Entre ellas reconoció a Martín y a una figura desconocida que parecía importante.

—¿Quién es este hombre? —preguntó Andrés mostrando la foto a Clara.

Ella la miró con atención y frunció el ceño.

—No lo sé, pero creo que estuvo involucrado en la disputa familiar de años atrás. Quizás un mediador o un enemigo oculto.

Andrés sintió que la red de mentiras se hacía más densa. Cada pista nueva traía más preguntas.

—Necesito hablar con más personas que estuvieron cerca de la familia Salazar —dijo—. Puede que alguien sepa la verdad y no se haya atrevido a hablar.

Esa tarde visitó a la señora Julia, una antigua empleada de la casa Salazar. Julia parecía nerviosa, pero poco a poco empezó a hablar.

—Hubo muchas peleas, señor Andrés. Martín y su hermano no se llevaban bien, pero nadie sabía por qué. Después del incendio, todo cambió. Algunos documentos desaparecieron y la familia se cerró.

—¿Y el reloj? —preguntó Andrés.

Julia lo miró sorprendida.

—Ese reloj siempre estuvo en la sala principal, un recuerdo de la abuela. Que apareciera lejos del cuerpo es raro. Parece un mensaje.

Andrés agradeció y salió con más preguntas. La investigación se complicaba. Las mentiras se entrelazaban y el culpable se escondía mejor.

De regreso en la estación, repasaba mentalmente cada testimonio y pista. El tiempo apremiaba. La presión aumentaba. Sabía que estaba cerca, pero cualquier error podía costarle caro.

—¿Y si todo esto es una trampa? —se preguntó en voz alta mirando el reloj en su escritorio—. ¿Y si quieren que apunte al culpable equivocado?

El teléfono sonó de repente. Andrés se sobresaltó.

—¿Andrés? —era Clara, con voz urgente—. Encontré algo en la casa de Martín. Un diario escondido detrás de una tablilla en su habitación. Tiene fechas y nombres que no coinciden con lo que nos dijeron.

—Voy para allá —respondió sin dudar.

Al colgar, un ruido en la puerta lo hizo girar. Era Samuel, que había vuelto con algo más que miedo.

—Encontré esto en la calle, cerca de la casa —dijo, entregando un papel arrugado.

Andrés lo abrió. Era una nota escrita a mano, con palabras amenazantes: "Deja de buscar o serás el próximo".

—¿Quién podría querer esto? —preguntó Andrés.

Samuel negó con la cabeza.

—No sé, pero no parezco estar solo en esto.

Andrés sintió cómo la tensión aumentaba. Había algo más grande en juego. Algo que nadie quería que saliera a la luz.

Cuando Clara llegó, le mostró el diario. Andrés hojeó las páginas con cuidado. Había entradas que mencionaban reuniones secretas, nombres que no conocía y fechas que coincidían con eventos que parecían olvidados.

—Aquí dice que Martín tuvo un encuentro con alguien llamado "Elías" la noche antes del incendio —dijo Andrés.

Clara levantó la vista, sorprendida.

—Nunca había oído ese nombre.

—Tal vez sea la clave para entender todo —dijo Andrés—. Necesitamos encontrar a Elías.

En ese momento, un ruido fuerte en la calle los hizo voltear hacia la ventana. Una sombra desapareció entre las esquinas. Andrés apretó el diario contra el pecho y miró a Clara.

—Alguien no quiere que sepamos la verdad.

Ella asintió, con el rostro serio.

—Pero tampoco vamos a parar.

La noche caía y las calles se vaciaban. Andrés sabía que cada paso que daban los acercaba más al peligro. La red de mentiras se tensaba, y el verdadero culpable estaba más cerca que nunca. ¿Lograrían desenredar el misterio a tiempo?

Capítulo 3 de 5

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