Historia Abierta
Portada de El Eco de la Mentira
  • 5 capítulos
  • 59 lecturas
  • Completada

Todas las edades

21

~6 min de lectura

Capítulo 4 · ~6 min

Verdades ocultas

Andrés se sentó frente al escritorio cubierto de papeles amarillentos y fotos viejas que había encontrado en la casa de Martín. Cada hoja parecía esconder un pedazo de una historia que no terminaba de encajar. Las disputas familiares, el incendio, las amenazas... Todo parecía apuntar a algo mucho más profundo.

Mientras revisaba una carpeta con cartas y recortes de periódico, sus ojos se detuvieron en una carta fechada diez años atrás. La letra era firme, pero las palabras ocultaban un secreto. Hablaba de un acuerdo roto, traiciones y un error que alguien quería mantener enterrado.

—Esto debe ser lo que buscamos —murmuró Andrés, tocando suavemente la carta con los dedos—. La mentira antigua que está detrás de todo.

Clara entró con una taza de café humeante y se acercó al escritorio. Su mirada era seria, pero confiaba en su instinto.

—¿Qué encontraste? —preguntó, dejando la taza sobre la mesa con un leve tintineo.

Él le mostró la carta y algunas fotos donde se veía a Martín con un hombre mayor que parecía tener autoridad.

—Este hombre es Elías —dijo Andrés—, el nombre que apareció en el diario de Martín. Parece que la disputa familiar tiene raíces en algo que ocurrió hace más de diez años.

Clara frunció el ceño, recordando las palabras que Martín le había dicho alguna vez.

—Martín siempre mencionaba que Elías era un tío lejano, pero poderoso. Nunca quiso hablar más de eso.

Andrés siguió revisando los papeles y sacó un contrato antiguo, casi ilegible por el tiempo y las manchas. En él se mencionaba una propiedad importante que pertenecía a la familia Salazar y que había sido motivo de una pelea fuerte.

—Este contrato muestra que Elías intentó quedarse con la propiedad usando documentos falsos —explicó Andrés—. Martín y su hermano intentaron detenerlo, pero algo salió mal.

—¿Crees que por eso alguien quiso matar a Martín? —preguntó Clara, bajando un poco la voz.

—No solo eso —respondió Andrés, mirando fijamente el contrato—. Creo que el incendio en la casa Salazar fue para destruir pruebas. Y el reloj antiguo que encontramos en la escena del crimen podría tener una conexión con todo esto.

Clara tomó el reloj de la mano de Andrés. Era un objeto viejo, con grabados que parecían símbolos de una época pasada.

—¿Y qué significa? —preguntó, girándolo entre sus dedos.

—Puede ser una clave, un símbolo de la familia, o un mensaje oculto. Martín lo tenía, y alguien dejó ese reloj en la escena para enviar un mensaje o para confundirnos.

En ese momento, el teléfono sonó con un tono agudo y urgente. Andrés levantó el auricular y una voz desconocida le advirtió que dejara la investigación o habría consecuencias graves.

—No nos detendremos —dijo Andrés con voz firme antes de colgar.

Clara asintió, una mezcla de miedo y determinación cruzó su rostro.

—Tenemos que seguir buscando en esos documentos. Necesitamos más pruebas sobre Elías y el contrato falso.

Pasaron horas revisando cada papel, cada foto, cada detalle. Andrés encontró un mapa antiguo que señalaba un lugar fuera de la ciudad, cerca de un viejo almacén abandonado.

—Esto podría ser importante —dijo—. Tal vez allí estén escondidas pruebas o algo que Elías quiso ocultar.

—¿Vamos esta noche? —propuso Clara, con la voz temblorosa pero decidida.

—Sí —respondió Andrés, guardando los documentos en una carpeta y el reloj en su bolsillo—. No podemos esperar más.

Mientras se preparaban para salir, Andrés sintió un ruido leve detrás de la puerta. Se quedó quieto, escuchando. Clara también se detuvo. Unos pasos lejanos, rápidos, parecían acercarse. Andrés tomó el brazo de Clara con firmeza.

—Alguien nos está siguiendo —susurró.

Clara miró hacia la ventana y vio una sombra que desaparecía entre los árboles.

—Tenemos que apurarnos —dijo ella.

Salieron de la casa con cuidado, manteniéndose en las sombras. Andrés llevaba en la mano una linterna pequeña y un teléfono para grabar cualquier prueba.

Mientras caminaban hacia el almacén, el ruido de sus pasos parecía demasiado fuerte en el silencio de la noche. Andrés sentía que alguien los vigilaba. A cada crujido de las hojas secas, se giraba para ver si había movimiento.

—¿Crees que alguien quiere impedirnos llegar? —preguntó Clara, apretando su mano.

—Seguro —respondió él—. Pero no nos detendrán.

Llegaron al almacén. La puerta estaba cerrada con cadenas oxidadas. Andrés buscó entre sus documentos y sacó una foto del mapa. Señalaba una entrada lateral, medio oculta por maleza.

—Aquí —dijo—. Vamos.

Entraron por la puerta lateral. Dentro, el lugar estaba oscuro y olía a humedad y madera vieja. Andrés encendió la linterna y el haz iluminó cajas y muebles cubiertos de polvo.

—Esto parece un archivo abandonado —comentó Clara—. Aquí puede haber algo.

Andrés empezó a revisar las cajas y encontró papeles, carpetas y fotos. De repente, un ruido metálico hizo que los dos se giraran. Andrés apuntó la linterna hacia el sonido, pero no vio a nadie.

—¿Quién anda ahí? —preguntó, pero no recibió respuesta.

Siguieron buscando y encontraron una caja con documentos marcados con el nombre Salazar. Entre ellos había contratos, cartas y un libro de cuentas.

—Esto es lo que necesitamos —dijo Andrés, tomando todo con cuidado—. Aquí están las pruebas de la disputa y del fraude.

Clara miró alrededor, nerviosa.

—No deberíamos quedarnos mucho —dijo—. Podrían volver.

Andrés asintió y guardaron los documentos en una mochila. Cuando estaban por salir, Andrés encontró un sobre cerrado, sin remitente.

—Mira esto —dijo, abriéndolo con cuidado.

Dentro había una foto de Martín y Elías juntos, pero con una nota que decía: "No confíes en nadie."

—¿Quién nos está vigilando? —preguntó Clara, mirando la foto con preocupación.

—No lo sé —respondió Andrés—. Pero ya no solo es una investigación. Esto se volvió personal.

Salieron del almacén con la mochila llena y el reloj en el bolsillo de Andrés. Afuera, la noche los envolvía, pero ellos caminaban sin dudar, conscientes del riesgo.

—Vamos a descubrir la verdad —dijo Clara, apretando la mano de Andrés.

—Sí —respondió él—. Aunque eso signifique enfrentar a quienes prefieren que todo quede oculto.

Mientras se alejaban, una figura los observaba desde la oscuridad. Pero esta vez, Andrés estaba preparado para cualquier cosa.

¿Qué te pareció este capítulo?

Toca una estrella. Es opcional y no detiene tu lectura.

¿Qué te está pareciendo la novela?

Para calificar la novela y dejar un comentario necesitas una cuenta gratis.

Inicia sesión para calificar la novela

Siguiente lectura