Historia Abierta
Portada de Sombras en la Rutina

Sombras en la Rutina

  • 5 capítulos
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  • Completada

Todas las edades

Un día a día aparentemente normal se ve amenazado por una presencia invisible…

Sinopsis

Un día a día aparentemente normal se ve amenazado por una presencia invisible. Cada capítulo descubre un misterio que aumenta el miedo, dejando al protagonista atrapado entre la realidad y la incertidumbre.

Apta para todas las edades.

Por Equipo Historia Abierta

  • Completada
  • 5 capítulos
  • Publicada el

Personajes principales

  • Eduardo · Protagonista
  • Marcos · Secundario
21

~4 min de lectura

Capítulo 1 · ~4 min

Sombras en la Rutina

Eduardo terminó de cenar cuando escuchó un susurro débil que venía del pasillo. No era un sonido claro, sino un murmullo difícil de distinguir. Congeló la cuchara en el aire. Nunca le había pasado algo así en su apartamento.

—¿Hola? —dijo en voz baja, más para convencerse de que estaba solo que esperando una respuesta. No hubo respuesta, solo un silencio que le apretó el pecho.

Quiso seguir con su rutina. Lavó los platos, encendió la televisión, pero la sensación de que alguien lo miraba no se iba. Cada sombra parecía moverse más de lo normal. Los ruidos de la casa, antes normales, ahora le sonaban extraños y peligrosos.

Para distraerse, llamó a su amigo Marcos. Sabía que Marcos siempre tenía una broma o un consejo que lo calmaba.

—¿Qué tal, Eduardo? ¿Todo bien? —preguntó Marcos con voz relajada.

—No sé, algo raro pasa en casa. Escuché un susurro, como si alguien estuviera conmigo, pero no veo a nadie.

—¿Seguro que no es tu imaginación? —dudó Marcos.

—Eso pensé, pero fue muy real. Y siento que algo me observa desde las sombras.

—Relájate, a veces la mente juega trucos cuando estás cansado o estresado. Cambia de aire, tómate un descanso.

Eduardo colgó sin convencerse. Lo que decía Marcos tenía sentido, pero la sensación no se iba. Se sentó en el sillón, tratando de calmarse, pero el silencio en la casa pesaba demasiado.

De repente, un susurro más claro sonó, como si alguien dijera su nombre. Saltó del sillón y miró hacia el pasillo. No había nadie.

—¿Quién está ahí? —exigió con voz temblorosa.

El silencio volvió, pero ahora sentía que la temperatura bajó en la habitación, como si algo frío estuviera con él.

Decidió revisar todas las habitaciones. Encendió las luces, abrió puertas. Todo parecía normal, nada fuera de lugar. Pero cada vez que apagaba la luz, sentía esa mirada invisible sobre él.

Volvió al sillón y sacó su teléfono para grabar. Pensó que si registraba el sonido, tal vez entendería lo que pasaba. Encendió la grabadora y esperó. Pasaron minutos sin nada, hasta que el murmullo volvió, apenas audible. Al final, se escuchó su nombre, repetido una vez más.

Eduardo sintió un frío que le llegó hasta los huesos. ¿Quién le hablaba? ¿Por qué solo él escuchaba?

Pensó en contarle a alguien, pero dudaba que le creyeran. También pensó en llamar a un experto en cosas extrañas, pero el miedo lo frenó. ¿Y si lo que escuchaba era peligroso?

Decidió no hacer nada por ahora, no llamar la atención ni buscar respuestas rápidas. Pero la idea de pasar la noche solo con esa presencia invisible le helaba la sangre.

Antes de acostarse, revisó de nuevo el pasillo. La sombra en la esquina que siempre veía parecía más clara, más cerca. Parpadeó y desapareció, pero la duda se quedó clavada en su mente.

—¿Quién eres? —preguntó al aire, sin esperar respuesta.

El silencio volvió a llenar la casa. Eduardo sabía que algo había cambiado. Su rutina, su tranquilidad, todo estaba roto.

Se preguntó si alguien o algo lo estaba acechando desde la oscuridad, invisible pero presente. ¿Cómo podía enfrentarlo si ni siquiera sabía qué era?

El miedo creció cuando sintió un roce frío en la nuca. Se volteó rápido, pero no había nada. Respiró hondo, intentando calmarse, pero su cuerpo temblaba.

Tomó su teléfono y llamó a Marcos otra vez.

—Marcos, necesito que vengas. No estoy solo aquí, algo raro está pasando.

—¿Qué pasó? —preguntó Marcos, preocupado.

—Escucho voces, sombras que se mueven, y siento que me están vigilando. No sé qué hacer.

—Tranquilo, voy para allá. No te dejes llevar por el miedo.

Mientras esperaba, Eduardo intentó buscar algo en internet, pero las palabras se le olvidaban. ¿Cómo se explica algo que no tiene sentido?

La puerta sonó. Era Marcos. Entró rápido y lo miró con seriedad.

—Cuéntame todo otra vez —pidió Marcos.

Eduardo le explicó desde el principio. Marcos escuchó atento y luego dijo:

—Esto suena a que algo está aquí, pero no podemos verlo. ¿Has cambiado algo en la casa? ¿Nuevo mueble, algo raro?

—No, nada. Todo igual.

—Entonces hay que estar atentos. No hagas movimientos bruscos, no te alejes. Voy a quedarme contigo esta noche.

Eduardo asintió, aliviado por tener compañía. Pero algo en su interior le decía que la presencia no se iría tan fácil.

Pasaron las horas y el silencio volvió a romperse con susurros. Marcos también los escuchó.

—¿Lo oyes? —preguntó Marcos, mirando a su alrededor.

—Sí —respondió Eduardo—. Dice mi nombre.

Ambos se miraron, sabiendo que la noche sería larga y que el misterio apenas empezaba.

¿Quién o qué estaba en la oscuridad de su apartamento, y qué quería de ellos?

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Capítulos

  1. 1 Sombras en la Rutina
  2. 2 Sombras en la ventana
  3. 3 Voces que no deberían estar
  4. 4 El espejo roto
  5. 5 La revelación final